Heavy Metal Argentino

Brindando aguante desde1998

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V8

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V8
Discografía
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"V8. Muerte a los Stones, aguante el heavy metal", sentencia un largo paredón del barrio porteño de La paternal. El telegrama directo, vengativo y de aerosol negro ha sido escrito, como tantos otros en la ciudad, en nombre de una banda que hace nueve años dejó de existir y que, con solo tres discos de escasa repercusión en su momento, tiene lugar en ese ránking de lectura inmediata que son los grafitis, donde pelean lugar Sumo,

Los Redonditos de Ricota y la lengua Stone. Así, V8 permanece anclado como un mito imperecedero que muy poco han visto y de los que todos siguen hablando, De hecho, quienes hoy estrechas filas en los conciertos metálicos gritan "V8 no murió", como canto de guerra, cuando apenas trepaban los diez años en los lejanos días del grupo.

V8 si murió. Dejo de existir como banda activa en octubre de 1987, cuando dieron de último concierto en un sótano underground

de San Telmo con capacidad para unas trecientas personas. Una noche en la que los ojos y oídos de los presentes que expuesta la degastada relación interna de una banda que, de una punta a la otra de su historia, había pasado de las maldiciones -a los hippies y al rock argentino en general- a las bendiciones evangélicas de dos de sus integrantes. A partir de allí, a traves de 30 mil copias vendidas de las reediciones en cd y el ascenso de Hermética entre 1992 y 1994, Fue que nació V8 como mito subterráneo de los ochenta.

Veintiséis conciertos entre mayo de 1982 y mediados de 1985 fueron los que Ricardo Iorio (bajo), Alberto Zamarbide (voz), Osvaldo Civile (guitarra) y Gustavo Rowek (batería) dieron con la formación que grabo Luchando por el metal (1983) y Un paso más en la batalla (1984), los dos discos fundamentales de los tres que completan la discografía original del grupo. "El mito cobro vida porque hasta ese momento no había encarnado ante las masas algo tan hijo de puta como V8, estabamos adelantados a la época", dice Iorio, quien fundo el grupo en 1979 junto al fallecido Ricardo Moreno, vecino en el barrio de Caseros y maestro de iniciación suyo en el culto a Black Sabbath.

Tiempos de Denuncia

La época de V8 fue la del éxito masivo del pop de Los Abuelos de la Nada y Zas pero también la de la reencarnación heavy de Pappo con el cuarteto Riff y el furor argentino por los metálicos españoles de Barón Rojo. Con imágenes y letras desmesuradamente agresivas para el rockero medio argentino, V8 desembarcó en la tercera edición del festival B.A, Rock. Nunca Hasta entonces se había escuchado decir tantas veces la palabra metal en un puñado de canciones, y menos frases como "basta de hippies, basta de rogar, no existe paz, no existe paz" ante un público que, morral al hombro, pasó de la curiosidad a la indignación en un segundo.

Toda la denuncia social (represión e hipocresia eran palabras clave en el discurso de la banda) envasada en mensajes apocalípticos y rimas malditas que hoy devinieron en clisés automáticos del heavy fueron, en manos de V8, hitos originales de los primeros ochenta y marcaron un antes y un después en el rock pesado argentino. A través de la música, al oído de hoy tosca, la banda fue la primera en importar la velocidad de Motorhead y la maldad de Black Sabbath (en esa reivindicación coincidieron con el nacimiento en los Estados Unidos del thrash). De todos modos, entre lo heroico y lo grotesco, la formación definitoria del grupo atravesó un vía crusis de shows con pésimo sonido, productores que no pagaban e instrumentos prestados.

Pero es innegable que la leyenda descansa también en la trayectoria marginal de la banda y en el halo de intratables que rodeaba s sus miembros, "Llego un momento en el que o cambiábamos o nos aniquilábamos", recuerda hoy el guitarrista Miguel Roldan, quien reemplazó a Civile y se volcó al evangelismo junto a Zamarbide, dando por sentado que el reviente heavy de V8 no era solo una circunstancia del escenario. Enarbolando su paso al grito de Destrucción, el himno mayor de la banda, V8 inauguró el fenómeno del público agrupado en brigadas metálicas. En tanto, no solo terminaban en razias muchos de sus recitales sino que en una ocasión el grupo entero marchó preso mientras llevaban a cabo una sesión de fotos en Barrancas Belgrano.

Esparciendo su caos metálico por rockerias del conurbano -precarios locales donde se celebraban concursos de rock n´roll- cuando el heavy metal prácticamente salió de circulación en 1985, V8 dió sus estocada mas simbólica después de B.A. Rock cuando se presentaron en 1986 en el Centro Parakultural. "Destrucción" llegó esa noche al templo absoluto de punks y darks y a poco estuvo de ser una viva descripción de lo que estaba sucediendo . Desbordado en su capacidad, con un caño de gas roto producto de los empellones, la banda terminó su show pese al riesgo para músicos y público. Contra la peor de las consecuencias posibles, el mito ya estaba listo para sobrevivir a la banda.

 

Formaciones

Alberto Zamarbide - Voz

Gustavo Rowek - Batería

Osvaldo Civile - Guitarra

Ricardo Iorio - Bajo

En "El fin de los inicuos":

Voz: Zamarbide

Bateria: Cenci

Guitarra: Roldan

Bajo: Iorio.

Ultima formación sin discos:

Voz: Zamarbide

Bateria: Cenci

Bajo: Roldan

Guitarra: Giardino

 

FUENTE: Fernando Garcia *Suplemento Si, Clarín* 4 de abril de 1996.

 



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